Por fin sucedió lo previsto: la vida se ha vuelto en mi contra otra vez. Lo esperaba, era lógico. Tarde o temprano iba a suceder; este lapso favorable no iba a durar para siempre. La adversidad se hace presente y ante ella las condiciones anteriores se me presentan como un sueño, como si nunca hubieran sido.
Pensé que estaba listo... no es así. Vuelve a mi ser la vieja y conocida tensión, la lid contra mis nervios, el miedo. Ya siento cómo resurgen junto con las sensaciones de angustia, desamparo y aislamiento. Mecánicamente comienzo a reconsiderar posibilidades en el exterior, ya descartadas hace tiempo, esperanzas como una forma de paliar el sufrimiento. También vuelve mi apego al conocimiento y la objetividad para contrarrestar la angustia, el temor, la desesperación y el desamparo, para tratar de asimilar este nuevo revés y liberar a mi parte emocional del agobio.
Mi reacción ante la adversidad es la misma: el temor paralizante que me impide elaborar razonamientos y actuar en base a estos. Y más difícil será después, por falta de recursos. El hambre físico lo hace todo doblemente difícil. Pero así me ha jugado la vida y quiere que padezca de nuevo. Ahora todo vuelve a ser como antes... y lo que falta por manifestarse. No es sólo un contrario aislado sino un conjunto que le da vida, fuerza y forma a la adversidad.
Trato de evocar lo aprendido para superar, combatir o resistir este Némesis y me aferro a ello, esperando que cobre fuerza en mí. Y vuelvo a sentirme alerta, despierto, pero también con los nervios de punta. Me ha caído un balde de agua fría y creo que no podré dormir ante lo que me espera.
He descansado en el bienestar, he padecido en lo adverso y bajo ninguno he encontrado Paz. No he podido librarme de la guerra y desolación internas. No consigo superar estos quistes emocionales mas que por instantes. Como hice el año pasado, cuando no tenía otra opción e incrementé como nunca mi enfoque interno, a tal grado que logré gobernar mi psique y le arranqué el sufrimiento. Pero no fue suficiente. Sólo obtuve un vislumbre de ese estado, que fue increíble en su momento más agudo, y no volví a repetir esa "hazaña". ¡Cuánto trabajo interior tuve que realizar para llegar a eso! Para emparejarme con el sufrimiento, igualarlo e incluso superarlo en fuerza y poder... sin embargo fueron sólo mínimos destellos.
Es increíble el esfuerzo que implica separar a la psique del sufrimiento y aislarla de él cuando este es fomentado por circunstancias difíciles. Dios sabe que hice lo más que pude, llevando mi razón y resistencia interior al máximo, porque era lo mejor y lo único que podía hacer entonces. Y no sé de dónde obtuve fuerza para resistir y sobrellevar aquello.
Creía que la adversidad es sinónimo de fortaleza. Ahora no estoy tan seguro. No me siento dispuesto a recibir otro choque de la vida. Me siento débil y me da pavor. Ante esto vuelvo a refugiarme en el trabajo interior y lo retomo con la misma intensidad del año pasado y el anterior. Pase lo que pase, debo enfocarme en él.
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