13 de marzo de 2007

Martes, 13 de Marzo, 2007.

Sustraerse demasiado tiempo limita nuestras capacidades: cuando llegue la vida a presionarnos ya no tendremos la capacidad para contrarrestarla. Como quien acostumbrado a andar cierta distancia desfallece cuando debería andar un poco más, distancia que pudo cubrir de no haberse limitado; como quien frente a los contrarios reduce sus esfuerzos pues concluye que son innecesarios, lo que le propicia el fracaso y lo lleva a pensar que hizo bien en no esforzarse, pues nada hubiera logrado.

Este administrar las fuerzas hace que los objetivos se malogren, al faltar ese impulso extra para su logro. De nuevo, esto fortalece la ilusión de que nada puede lograrse, de que todo es inaccesible. Así, uno se coarta a sí mismo. Fracasa y se limita sucesivamente, convencido de su incapacidad, impotente y derrotado. Uno se rinde, se retira, le da la espalda a la vida, se encierra en sí mismo diciendo "la vida se me negó".

Pero la vida no se detiene, aumenta su presión. Y se presentan 2 opciones. La primera: seguir soportando a la vida, siendo consciente de su propia resistencia, volviéndose este resistir a la vida, costumbre, enfrascándose en esta y olvidando el intento de cambiarla, tornándose indolente. Y aunque la capacidad de resistir es elástica, la presión de la vida termina por imponerse, consumiendo las fuerzas que uno reservó, quebrándose inevitablemente. El resultado es retraimiento, desconfianza, parálisis y miedo ante el concepto de la vida como una amenaza; habituado a padecer, convencido de que la vida es así, de que la vida es padecimiento; lo otro, los objetivos, inaccesibles, irreales. "Así se lo demostró la vida". Derrotado de la forma más absurda por el temor y las creencias limitantes, hasta consumirse por completo, soñando en cómo le hubiera gustado asestar siquiera un golpe más. Lo que lo lleva (si es que no muere) a la segunda opción:

Intentar levantarse, luchar por resurgir. Aceptar la invitación de la vida a enfrentarla, con todas las dificultades que esto implica; a no dejarse intimidar por ella, rompiendo primeramente con el falso concepto de "lo inaccesible" o "la vida me pone barreras infranqueables y no me permite obtener el triunfo más mínimo". Creencias afianzadas por una serie de fracasos que no se asimilaron con inteligencia; por lo que en su momento se consideró insuperable y no se enfrentó por dudar de uno mismo; por la inexperiencia y no saber luchar; por falta de guía que nos advirtiera sobre la adversidad de la vida; por no cuestionar las falsas concepciones de la vida; por dejarse llevar por la inseguridad y el miedo.

Retroceder y hundirse indefinidamente.

Rendirse sin comprender que una dificultad no representa la totalidad de la vida, y acostumbrarse a ceder a cualquier obstáculo por mínimo que sea, hasta magnificarlos todos, incluso los más ridículos. Y así se les da poder, retrocediendo ante ellos, fingiendo su inexistencia, sin embargo obedeciéndoles: "no puedo", "la vida es difícil...". Sí, cuestionar todas estas creencias que son el principal obstáculo. Razonando sobre ellas, porque su principal enemigo es la Razón: el mayor tesoro que uno tiene, y el más menospreciado. Tomar la determinación de no ceder más a la inercia de los miedos inventados, fantasmas de la mente. Si se tiene la disposición para derrochar la propia energía en lamentaciones y pensar que la vida es sufrimiento, ¿por qué no tenerla para hacer uso de la razón?

Vivo en un lugar y una época donde el caos y la incertidumbre gobiernan. Es en medio de estas circunstancias donde voy descubriendo y forjando mi temple.

Pero esta desavenencia con la vida me ha desgastado, al ver que mis esfuerzos no aportan resultados, y voy pegando cada vez con menos fuerza. Pero voy a seguir adelante, pues nadie lo hará por mí, y es algo en lo que nadie puede ayudarme. Estoy solo y debo enfrentar mis demonios, que siempre despliegan más fuerza que yo, y cuando creí haberlos superado resurgen más potentes y retoman su lugar. Aún así debo desafiarlos cada vez que se hagan presentes, porque no puedo vivir retrocediendo.

Es preferible estar muerto que vivir derrotado.

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