3 de junio de 2007

Domingo 3 de Junio del 2007.

Y mi mente está en blanco. Ya mi juicio es limitado y ahora esto. Pensé que ya había desarrollado cierta capacidad para hilar ideas pero no es así. Me encuentro enfrascado en un discurso repetitivo y superficial, hasta que presuntuoso. Debería ser más conciso.

Como es mi discurso fue esta semana: monótona, esteril, falta de impresiones. O sea que si la vida no me muestra nada que impresione mi psique, ¿entonces no tengo nada qué decir? Vaya inteligencia y creatividad.

De todos modos, como esta semana mi vista cansada me impidió leer, realicé mis habituales ejercicios de atención y pude liberarme de un pequeño conflicto sicológico que venía arrastrando desde hacía tiempo. Lo disolví con cierta facilidad, aunque sólo temporalmente, pues se sostiene por algo cuya solución es forzosamente externa. Pero es un problema difícil. Significa una caída moral para mí, un error en el cual a estas alturas no debería incurrir, según el concepto que tengo de mí mismo. Pero ahí está.

Dicen que uno es lo que hace. Y si los actos definen a las personas, entonces estoy equivocado en mis conceptos.

Aunque es doloroso conscientizarlo, es positivo, porque me he desengañado: soy peor de lo que pensé. Pero no lo hice con mala intención... creo que ahora sé lo que es la desesperación. Sé que puede ser corregido, pero nada lo justifica. Lo hice y es una marca que llevaré de por vida. Un absurdo.

Pero es algo que no evado. Lo asumo y lo enfrento. No voy a lloriquear por mis errores, sino aprovecharlos y convertirlos en enseñanza, en lecciones de vida. Voy a rectificar este error y aprender de él. Es lo mejor que puedo hacer y para lo cual estoy aquí.

"Todo, por muy terrible que nos parezca, tiene una finalidad". Viktor Frankl.

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