8 de febrero de 2007

Jueves, 8 de Febrero, 2007.

No entiendo cómo funciona mi mente. Se acostumbra a recibir estímulos pasivamente, pero en cuanto decido ejecutar una acción (incidir en el mundo) se turba y detiene. No me queda mas que observar pasivo e impotente su reacción, y cómo sabotea mis intentos, perjudicándonos a ambos, como dispuesta a morir y a llevarme consigo. Alguna vez me prometí arrastrar sus fuerzas opositoras conmigo. Pero, ¡qué ingenuo he sido!

¿Dónde está mi voluntad? Si algo me precede es mi humildad. Reconozco mis límites, que nada soy ante las leyes de la vida ni ante las trabas que mi Sombra me impone. No soy tan ingenuo ya, como para intentar superar todo esto. Que sean estos contrarios los que gobiernen, que así sea, pues. Mis aspiraciones se limitan a concretar un logro minúsculo, y a obtener lo estrictamente necesario, sin intervenir en la vida, manteniéndome al margen lo más posible. Ocupándome sólo de mis propios asuntos, sin perturbar a nadie, dedicado a mi desenvolvimiento interno hasta mi muerte. Eso es todo.

Mi voluntad tiende hacia ello, pero resulta insuficiente ante estos impedimentos internos y externos, los cuales no pienso vencer, sino abrirme paso entre ellos, aunque sea un espacio estrecho. Sin volver a caer en la trampa del entusiasmo, orientado por la razón y el escepticismo.

Reconozco humildemente la superioridad del entorno, que los factores en contra son muchos, y mis posibilidades pocas; que nada es fácil; que cada reto, interno o externo, siempre exigirá de mí esfuerzos de una voluntad que no tengo, y que todo esto va labrando mi destino. Que sea lo que la vida decida...

...pero no logro aceptarlo del todo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Los comentarios están siendo moderados.