28 de enero de 2007

Domingo, 28 de Enero, 2007.

Me he podido mantener, más o menos constantemente, expuesto a estímulos nuevos; difíciles de digerir al principio, fáciles de asimilar después. Parece que mi mente se encuentra dispuesta a recibirlos, consciente de su beneficio: volver al mundo. Ser testigo de su flexibilidad me produce alivio, las evidencias de la neuroplasticidad que nos ofrece la ciencia, me da esperanza y hasta certidumbre sobre la posibilidad de una transformación individual. No quisiera depender de elementos externos para esto, pero los benefactores físicos son vitales. A pesar de mantenerme enfocado en mi superación, ésta se da lentamente, y no progreso como quisiera. Quiero mantener mi mundo interior en estado de mutación constante; es lento pero moldeable. A quien (por así decirlo) le debo una disculpa, es a mi encéfalo: lo he maltratado, hemos padecido juntos, lo he presionado y ha dado todo de sí. Otro que me sorprende es mi cuerpo. Sí, mi cuerpo físico, siempre sacando fuerzas de no sé dónde. Pero no quiero quebrantarme más y esto no está enteramente bajo mi control. Los eventos contrarios están siempre ahí, dispuestos a aparecer y volverme los medios inaccesibles. ¿Deberé luchar contra esto? Debido a mi severo estilo de vida me he acostumbrado a padecer. Un maestro mío diría que tal continencia no representa virtud alguna, ni es propio de un ser "con garra", sino un síntoma de debilidad y una manifestación de temor, pereza y resignación. Yo le respondería que alguna vez me indicó rigidez (citando a Diógenes, "aprende a comer habas", "tantas cosas tan bellas que yo no necesito", entre otros) y yo apliqué según me dijo. No le negaría que el temor y el derrotismo también han contribuido a mi retraimiento, como tampoco le negaría que por esto he dejado pasar muchas oportunidades para forjarme una vida distendida y alegre.

Pero también le diría que la vida es una torre de naipes, que lo que para otro sería una adversidad menor representaría para mí una barrera infranqueable, y me es más fácil caer que levantarme; que demasiada presión quebranta y que los eventos contrarios han quedado impresos en mi alma y me han convencido de mi nulidad.

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