La Adversidad me parece el aspecto más real e intenso de la vida, aunque tambien relativo al nivel mental de cada uno. Hay quienes con todo en su contra luchan por salir adelante, y otros que teniendo todo a su favor procuran su auto-destrucción; quienes golpeados por la vida no se quejan y quienes estallan ante la mínima contrariedad aunque no les falte nada. Cada quien tiene un nivel de resistencia.
Pero en mí, no sé. En mí, la adversidad ha sido ocasión tanto para desarrollar resistencia, como para hundirme abatido; para sentirme alerta, aunque tambien preso de angustia; para desconfiar de la vida, como para aborrecerla. Para respetarla, sustraerme de ella, retroceder lo más posible, y en este proceso, volverme prudente pero defensivo; no fuerte, sino indolente. Así, la vida se torna, con cada adversidad, más insoportable; me dispongo a resistirla cuando veo que se acerca, pero no hago nada por resolverla. Este retaimiento la agudiza aún más, hasta que le doy una solución temporal y falsa. Entonces se reinicia el círculo. La aborrezco pero al mismo tiempo la propicio. Contribuyo a que la adversidad aparezca, como para ponerme a prueba y medir qué tanto soy capaz de resistir. de este modo me he vuelto tanto indolente como inseguro. Así que no sé cuál es el resultado, si benéfico o contraproducente. "La Adversidad es ocasión para Virtud"... y también para quebranto. La adversidad fortalece, pero en exceso puede matarnos o destruirnos internamente: hay límites.
Me supongo resistente, pero no me siento fuerte. Pero, de no existir los contrarios, ¿cómo saber de qué estoy hecho? Por estos eventos ahora sé que lo que antes percibía como "confianza en mí mismo" no era mas que una ilusión. Bastó un golpe adverso para derribar esta idea, cual torre de naipes.
Sin embargo la adversidad siempre ha estado presente en mi vida. Si no llega por sí sola, la he propiciado yo, por mi forma de ser. Echando un vistazo a mi estructura mental, comienzo a darme cuenta que se ha condicionado a mantener un estilo de vida tal, que le genere un estado de malestar permanente. Mi cuerpo y mente se han mecanizado a sentirse mal, a condiciones poco favorables. Recuerdo los aspectos positivos de la vida como un sueño, carentes de realidad, y cuando se hacen presentes mi mente los reconoce, pero ya no los acepta, los rechaza. Su valoración está invertida. Busca y acepta lo que le perjudica, y evita y rechaza como lo que le beneficia. Aún valora las cosas buenas, pero teme perderlas, así que ya ni siquiera las busca, para evitar su pérdida. Lo que es deseable le frustra y lo ignora. Esta es la consecuencia de la adversidad en mi mente.
Intento cotrarrestar esta visión desproporcionada de la adversidad cuestionando su relatividad. ¿Qué es la adversidad, la mayor tragedia, o algo insignificante? ¿A qué le llamo adversidad? Pues lo que para mí es adverso, para otro puede resultar insignificante. A fín de cuentas sus efectos bien pueden ser algo tan ridículo como alguna deficiencia del sistema nervioso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Los comentarios están siendo moderados.