Fue suficiente el transcurso de 1 día para asimilar el "incidente nimio", que resolví a la mañana siguiente con una facilidad irónica. Ahora que mi mente descansa sosegada, sondeo inquieto mi naturaleza y cómo un incidente menor pudo conmoverme tanto. Posiblemente por la austeridad de mis recursos, pero aún así, siento que extremé mi reacción, y no era para tanto, pues ya ha sido resuelto. No tenía por qué alterarme tanto, pero creo que fue el detonante que liberó la tensión acumulada. Aún así extraigo una enseñanza de este incidente: que no es tan importante el incidente sino mi reacción desmedida ante él. Mi carácter aprensivo, mi sensibilidad a flor de piel, mi poca tolerancia a la frustración; mi mente magnificando el mínimo percance, perdiendo la proporción de las cosas, como el enfoque evolutivo. De un plomazo mi estabilidad se va al diablo.
En este estado me pregunto: si yo fuera distinto, si pensara diferente, ¿viviría lo que vivo? ¿Me iría tan mal como me va? ¿Por qué una situación insustancial representa dificultades insuperables?
¿Realmente es así de tortuosa la vida?
No hay ninguna situación allá afuera que no sea traducida por mi mente en sufrimiento interno. De todo sufre y sus padecimientos me arrastran con ella. Este Adversario, enemigo íntimo que no me deja en paz, cobra poder y se hace cada día más fuerte, no obstante mi entrenamiento (que ha sido mucho), y conocimiento (que veo que es poco). No entiendo que no me haya destruido ya, ni cómo me he sostenido y llegado a este punto.
Algo está mal en mí, y algo estoy haciendo mal, pues a pesar de mi empeño sigo siendo determinado por el exterior. Mis estados sicológicos no han progresado, y lo peor es que poco a poco me voy resignando a estos condicionamientos falsos y errados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Los comentarios están siendo moderados.