27 de diciembre de 2006

Miércoles, 27 de Diciembre, 2006.

No puedo evitar sentirme inquieto por el futuro, como si todavía esperara algo de la vida, aunque sé que mis expectativas ya no deben estar en ella sino en mí mismo. Pero esta persistente sed de experiencia siempre me atrapa, me hace sentir que algo me hace falta y que ese algo está allá afuera. Yo sé que no. Por el contrario, debo prescindir de lo externo para auto-realizarme; el principio y el final de la realización están aquí dentro.

De todos modos debo ejecutar un "salto" externo, no por satisfacción material sino como ejercicio sicológico. Sé muy bien lo que me espera: bombardeo de estímulos, torrente de pensamientos, intentos, errores y aciertos, movimientos yoicos, enamoramiento de la vida, dispersión, apegos, deseos y demás. Mucho de esto ya hay, pues parte del pensamiento emocional sigue atado a la vida, lo cual enciende de nuevo el deseo y en consecuencia... la inevitable frustración. Después de tanto intentar desligarme de la vida, sigo depositando esperanzas en ella y me sigue atrapando.

Por otro lado, tengo un poco más claras las causas de esa sensación de "estar soñando": diversidad de estímulos; nuevos, repentinos, inesperados o aquellos con los cuales no estoy familiarizado o a los que estoy desacostumbrado. Esto produce una "sobrecarga" mental o neuronal, al recibir estímulos que mi mente o cerebro desconocen. No puedo contrarrestar este movimiento cuando se produce, pero es curioso experimentarlo. Supongo que entonces debo someter a mi sique a estímulos nuevos, hasta habituarla a digerirlos constantemente, y aprenda a asimilar tal diversidad de impresiones más rápido, reduciendo progresivamente la sensación de "estar soñando".

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