31 de diciembre de 2006

Domingo, 31 de Diciembre, 2006.

Quisiera prometerme a mí mismo algún logro concreto, pero mucho de esto no depende de mí. Primero, las circunstancias que pueden no ser favorables; segundo, las contradictorias voluntades yoicas. Un día me propongo emprender algo y al día siguiente no me importa, no le encuentro sentido. "¿Yo me propuse esto? ¿Para qué? ¿Para alimentar mi sucio ego?".

En definitiva, cualquier propósito me obliga a enfrentar a la vida, a desafiarla, lo que precisamente evito; pero al mismo tiempo, no puedo quedarme inmóvil.

No sé si sea interpretación mía pero, parece que cada vez que me levanto en su contra, aparecen los contrarios. Surgen envidias, mezquindad, como si el entorno se inquietara ante mi "hacer" y cierta suciedad levantara la vista. Parece que genero expectativa y cierto temor en algunas personas... ¿a qué le temen?

Me viene a la mente René Descartes quien dice que es mejor moverse en una dirección definida que permanecer inmóvil; así, aunque no se llegue al lugar propuesto, al menos ya no se está en el mismo lugar. Luego pienso en una frase de Jean Paul Sartre, "Comprometerse o morir". Si se decide vivir, entonces hay que comprometerse. No tiene sentido vivir "a medias", sin entregarse al 100%.

Mi conclusión provisional es la siguiente: tarde o temprano deberé ejecutar un "salto", que es mejor que la inacción, con todo lo que esto implica. Imposible asegurar un resultado, pero cuando llegue el momento de ejecutar ese salto, lo haré convencido, decidido, sin dudar de mí mismo, comprometido. Aunque se levante el polvo, aunque los perros ladren, sin ceder a su mezquindad. Y si esto sucede, entonces no había tal compromiso.

Lo sabré cuando apueste en la ruleta otra vez.

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