Es una ilusión pensar que el inicio de un nuevo ciclo en el exterior y una nueva disposición interior van de la mano. El uno no genera al otro, las cosas no cambian como si fueran magia, todo sigue igual de incierto.
Recapitulando: me dediqué el año anterior a desarrollar mi resistencia, y fui testigo de ella. Mis estados internos no son lo mejor pero los combato. Pensamientos ingobernables, emociones volubles, fuertes condicionamientos, guerra de nervios; me enfrenté a mí mismo, me tiranicé, me quebré...
Y sin embargo no fue suficiente. Hasta siento que con toda esta disidencia interna se fortaleció la Sombra que combato. No me venció, pero tampoco la sometí. La Sombra se alzó, pero la conozco mejor, y aunque es más fuerte que yo, nuestras fuerzas no son tan dispares.
Por ahora practico un ejercicio repetitivo de oración. Me concentro en una frase y es una experiencia agradable, pero no es más que sugestión. En cuanto sepa cómo funciona, la abandonaré. Prefiero desarrollar mi capacidad de razonamiento. He descubierto que coarta a la Sombra, pero aún no puedo levantar razonamientos concretos. Creo que esta es la pieza que me falta para mi reordenamiento mental. También estoy practicando ejercicios de objetividad, para demostrarle a la Sombra que su interpretación de los hechos es incorrecta y neutralizarla. Y los ejercicios de costumbre, sobre todo de Atención Dirigida.
Mis objetivos siguen siendo los mismos: la fortaleza interior, conocerme a mí mismo, la muerte del Yo, la evolución. Entiendo que me falta mucho, tal vez ni siquiera es el principio, pero ya estoy en el Camino.
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