Aún faltan 2 días, pero no puedo evitar sentirme un poco tenso con todo este montaje, como si fuera un compromiso obligado convertirse de repente en un ser social y feliz, compelido a seguir la tradición que no es mas que un buen pretexto para fomentar el consumismo y fingir felicidad. Tambien me doy cuenta de mi Exilio auto-impuesto, que en cualquier momento puede romperse. Como todo lo mundano, es temporal e inestable, por lo tanto, ilusorio... esa condición no es confiable. De todos modos lo procuro y tiendo hacia él, y descubro con temor que tiene mucho de zona de confort, lo que me hace postergar mi salto, mi embestir al Leviatán de nuevo.
En esto pienso sostenidamente mientras la presión de la influencia del montaje se agudiza conforme se acerca el día. ¿Cómo puede esto incomodarme? ¿No es acaso un hecho positivo? Valoro y atesoro en el fondo de mi alma el afecto de los míos, pero temo ciertas situaciones que me esperan en la convivencia con ellos: cuestionamientos, sutiles reproches, "¿qué has estado haciendo?", curiosidad simiesca sobre mi condición y las inevitables críticas. Y en consecuencia de todo esto, sentimientos de inferioridad y culpa. Y siempre es esto más intenso que lo otro (el gusto del encuentro), que siempre es desbaratado por el atroz escarnio. He aquí que se hacen evidentes mi fragilidad, inseguridad y etcétera de complejos míos, compañeros de siempre, que son en buena parte la causa de mi conducta antisocial.
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