28 de abril de 2010

Conclusión, 28 de Abril del 2010.

Mis más grandes enemigos han sido el miedo y la timidez. Estos se magnifican en un ambiente coercitivo, en el que se está rodeado de gente nociva, decidida a causarle a uno algún mal. Pero como dije en otro post, cada quien tiene su recompensa. Concluyo que los más grandes obstáculos no son externos y en este diario me enfoqué en esa batalla con ellos. Pienso abordar la cuestión externa en otro blog pero no estoy muy seguro. Se dice que, parafraseando a Jesucristo (no soy religioso ni creyente), manifestar las penas las hace mayores y que hacerlo es síntoma de debilidad. Pero también me parece justo externar aquello, porque es mi vida y tengo todo el derecho a hablar de ella. Ello implica ser específico, mencionar nombres y describir situaciones y acciones ora en forma de anécdota, ora en tono de denuncia, lo cual no es cosa fácil. Hay temas escabrosos, incómodos. Ya resolveré después esta disyuntiva.

Este diario fue mi sostén durante aquél tiempo y cuando lo vuelvo a leer veo cuánto me ayudó a superar y sobrellevar muchos obstáculos y creencias que entonces me oprimían, alimentadas también por el entorno. Por lo tanto cumplió su propósito.

Debo aceptar que no lo trasladé fielmente a la red. No omití nada, sólo hice algunas correcciones sintácticas. Si mi sintaxis actual es pésima, antes era espantosa (y es peor cuando se escribe al vuelo y la pluma no es capaz de ordenar el torrente de reflexiones que la mente le dicta).

Como no le ví más utilidad pensé en destruirlo y evitar así la posible incomodidad de releerlo y que otros tuvieran acceso a él. Pero no podía desecharlo así nada más, y me pareció buena idea subirlo a la red. Pensé que no habría problema si lo hacía público, siendo la blogósfera tan inmensa, aunque en principio temí que se volviera en mi contra debido al escarnio que se pudiera hacer de mí a través de él.

Pero quien escribió este diario ya no existe, por lo tanto no se le puede herir ni ofender. Si acaso alguien pasa por aquí, que emita los juicios de valor que le plazcan. Aunque me considero ordinario no encajo en la norma, y me he topado con tantos juicios de valor que ya casi nada me sorprende. Este diario no me define. No ahora. Es sólo mi testimonio sobre un periodo de infortunio, sombras y triunfo. Un fragmento de mi vida examinada.

Nil Admirari.

12 de agosto de 2007

Domingo, 12 de Agosto del 2007.

Parte 2.

Comencé a escribir en este diario para examinarme y me he examinado lo suficiente. Tampoco tengo más que decir, así que lo doy por terminado.

Seguir con este diario sería redundar una y otra vez sobre lo mismo. "Yo, yo, yo... me pasa esto, me pasa aquello... la vida me tracionó... tengo todo en contra..." Un discurso interno repetitivo por lo tanto inútil e innecesario. Parece que glorifico mi sufrimiento y me enorgullezco de él, pero no hago nada por resolverlo. Quejas, drama y victimismo hacen mi discurso insufrible y patético. Afortunadamente nadie más va a leerlo.

"Cuando no tenía los medios para salir adelante, tenía el ímpetu; ahora que tengo los recursos no tengo voluntad. Es que un historial de derrotas queda impreso en el alma y no se olvida".

Todo el mundo tiene problemas. ¿Por qué no los he de tener yo? La magnitud de mis dificultades también es determinada por mi propia perspectiva. Hice lo que pude con los recursos que tuve, bajo ciertas circunstancias. Si ya tengo los recursos que me faltaban (y que representaban un obstáculo real) y tengo más conocimiento que antes ya no hay razones por las cuales sufrir ni permanecer estático. Y si no actúo y no tomo las riendas de mi vida, que me lleve el diablo por cobarde y apático.

Es suficiente con lo aquí dicho. Concluyo este diario sicológico citando a un maestro:

"Si debe haber pruebas, que vengan. Porque cada victoria que se obtiene sobre el 'Yo' inferior, se traduce en mayor fortaleza".Jesucristo.

Domingo 12 de Agosto del 2007.

Parte 1.

Hasta la persona más insignificante tiene sus enemigos. Y los míos son de lo más bajo. Por su causa me envilecí y degradé, sucumbí a reducirme a su nivel. Pero tuvieron su recompensa lógica: su propia degradación.

Su envidia y temor a lo que puedo llegar a ser los motivó a tratar de nulificarme pero les fue contraproducente. Yo acumulé mis derrotas con la vida y ellos acumularon las suyas conmigo. Me consagraron su atención y energías para abatirme y han perdido más que yo. Me han perjudicado y se han llevado la peor parte al ser consumidos por la impotencia y a pesar de su ventaja numérica. Incapaces de atacarme por sí solos, debían apoyarse mutuamente confesándose así, débiles e inferiores ante mí sin ellos saberlo. Y sin importar si es uno o mil enemigos, adelante, que yo enfrento los contrarios siempre solo y sin involucrar a nadie. Sus bloqueos son inútiles: sigo aquí y en condiciones mucho mejores que ellos, seres reptantes. Muertos en vida.

"...y todos esos malos tratos son la causa por la que me he vuelto hacia la fe..."
El Predicador, de Yalal Al-Din Rumi.

13 de junio de 2007

Miércoles 13 de Junio del 2007.

Por fin sucedió lo previsto: la vida se ha vuelto en mi contra otra vez. Lo esperaba, era lógico. Tarde o temprano iba a suceder; este lapso favorable no iba a durar para siempre. La adversidad se hace presente y ante ella las condiciones anteriores se me presentan como un sueño, como si nunca hubieran sido.

Pensé que estaba listo... no es así. Vuelve a mi ser la vieja y conocida tensión, la lid contra mis nervios, el miedo. Ya siento cómo resurgen junto con las sensaciones de angustia, desamparo y aislamiento. Mecánicamente comienzo a reconsiderar posibilidades en el exterior, ya descartadas hace tiempo, esperanzas como una forma de paliar el sufrimiento. También vuelve mi apego al conocimiento y la objetividad para contrarrestar la angustia, el temor, la desesperación y el desamparo, para tratar de asimilar este nuevo revés y liberar a mi parte emocional del agobio.

Mi reacción ante la adversidad es la misma: el temor paralizante que me impide elaborar razonamientos y actuar en base a estos. Y más difícil será después, por falta de recursos. El hambre físico lo hace todo doblemente difícil. Pero así me ha jugado la vida y quiere que padezca de nuevo. Ahora todo vuelve a ser como antes... y lo que falta por manifestarse. No es sólo un contrario aislado sino un conjunto que le da vida, fuerza y forma a la adversidad.

Trato de evocar lo aprendido para superar, combatir o resistir este Némesis y me aferro a ello, esperando que cobre fuerza en mí. Y vuelvo a sentirme alerta, despierto, pero también con los nervios de punta. Me ha caído un balde de agua fría y creo que no podré dormir ante lo que me espera.

He descansado en el bienestar, he padecido en lo adverso y bajo ninguno he encontrado Paz. No he podido librarme de la guerra y desolación internas. No consigo superar estos quistes emocionales mas que por instantes. Como hice el año pasado, cuando no tenía otra opción e incrementé como nunca mi enfoque interno, a tal grado que logré gobernar mi psique y le arranqué el sufrimiento. Pero no fue suficiente. Sólo obtuve un vislumbre de ese estado, que fue increíble en su momento más agudo, y no volví a repetir esa "hazaña". ¡Cuánto trabajo interior tuve que realizar para llegar a eso! Para emparejarme con el sufrimiento, igualarlo e incluso superarlo en fuerza y poder... sin embargo fueron sólo mínimos destellos.

 Es increíble el esfuerzo que implica separar a la psique del sufrimiento y aislarla de él cuando este es fomentado por circunstancias difíciles. Dios sabe que hice lo más que pude, llevando mi razón y resistencia interior al máximo, porque era lo mejor y lo único que podía hacer entonces. Y no sé de dónde obtuve fuerza para resistir y sobrellevar aquello.

Creía que la adversidad es sinónimo de fortaleza. Ahora no estoy tan seguro. No me siento dispuesto a recibir otro choque de la vida. Me siento débil y me da pavor. Ante esto vuelvo a refugiarme en el trabajo interior y lo retomo con la misma intensidad del año pasado y el anterior. Pase lo que pase, debo enfocarme en él.

10 de junio de 2007

Domingo 10 de Junio del 2007.

He notado un vacío que me produce conflicto. Creo que siempre ha estado ahí pero últimamente se ha hecho sentir con más intensidad. Intentaré explicármelo aunque no sé cómo empezar.

Siento que ya no tengo nada qué hacer aquí. Sin embargo no podría irme. Debo estar aquí hasta que el tiempo, la casualidad o el destino determinen el fin de mi vida aquí y hacia el cual me dirijo de todos modos. Sé que por mi edad es muy pronto para considerar esta cuestión pero siento que "aquí ya he terminado... ¿y ahora, qué?"

No quiero decir que la vida no tenga sentido. Al contrario. Me empeño en alcanzar una metanoia o transformación, pero no estoy logrando mucho y siento no llegar a nada. No soy mejor ni me siento mejor. Esto que experimento no es una fase sino un estado permanente de estancamiento. En realidad no he incrementado mi base sicológica y me atrevo a decir que ha decrecido. Los indicios externos evidencian mi afán a la perfección física, mental y emocional. Sin embargo me siento vacío e insatisfecho a pesar de que por ahora el viento sopla a mi favor. Además, tras este vacío y relativa seguridad subyace el temor a un revanchismo repentino de la vida... me siento acechado por un enemigo invisible que espera me confíe para asestarme un revés y siento que entre más posterga su ataque más intenso va a ser, como si lo estuviese fraguando y meditando para liberar sobre mí una carga aplastante, calculada pacientemente.

Son increíbles los fantasmas que fabrica la mente; su complejidad me sorprende, a pesar de que, por ser producto de mi psique, debería conocerlos pues, en teoría, mi psique me pertenece. Pero estos fantasmas no son totalmente inventados. Es un hecho que, en mi posición, la vida puede sorprenderme.

Esto es lo que confronto a diario. Pero no puedo vivir arrastrado por el tiempo hasta el fin de mi vida, hasta que estos fantasmas se disuelvan en la nada junto con la psique que los contiene. No puedo vivir así pero tal es mi situación porque aún no soy dueño de mí mismo. Qué incómodo es reconocer todo esto: mi vacío, estancamiento, insatisfacción, deficiencia sicológica y temores. Entre más me conozco más me aborrezco.

Aún así aspiro a ser un verdadero Guerrero.