27 de mayo de 2007

Domingo, 27 de Mayo del 2007.

Esta semana me enfoqué en reiniciar mis ejercicios de concentración, no a la misma intensidad que otros tiempos, sino como quien inicia una rutina de ejercicio físico, con cargas ligeras por falta de costumbre. Así ocurre también con la mente y me parece extraordinario porque siempre y sin importar la experiencia anterior, hay que partir de cero; así, estos ejercicios no se tornan mecánicos, nunca pierden su brillo. Tampoco pueden ser automatizados, implican siempre voluntad. Por lo tanto siempre son nuevos.

Esta semana también, no sé por qué, me desprendí un poco de mis libros, casi inconscientemente, como si estuviera cansado de ellos. Siempre tengo un libro en las manos por un afán desesperado de expander mi mente, de abarcar todo, de saber.

"Por cada cosa que sé, hay otras mil que ignoro". René Descartes.


Posiblemente todo esto me ha fatigado, sin mencionar mi escaso progreso. No me siento renovado. Quizás intento ir más allá de mi capacidad, tratando de abarcar parámetros eternamente imposibles, como quienes se afanan por cubrir un estereotipo social que no alcanzarán jamás.

Pero es que temo dejar pasar esfuerzos, u omitirlos, o no realizarlos. Cada noche me acuesto con la idea de que pude hacer algo más y no lo hice. Y no quiero llegar al término de mi vida con esto en mi conciencia.

Espero que sólo sea una etapa, aunque ya debería saber si lo es o no. Lo cual demuestra que aún soy un extraño para mí mismo... no sé por qué me sorprendo. Soy complejo después de todo. Me es difícil estar concentrado. Tiendo a estar disperso, desconectado y oscilando entre ambos estados, como si mi atención huyera. Porque la dispersión es involuntaria, la concentración producto del esfuerzo.

¿Será esta la Guerra contra el Sueño de la que tanto se habla en ciertos textos?

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