Después de tantear la condición del cuerpo mediante una pequeña prueba (una caminata ininterrumpida de aproximadamente 3 horas), cuyo resultado, sorpresivamente, fue positivo, pues me demostró su capacidad de recuperación, a causa de 1 día de alimentación "como en los viejos tiempos", noté, sin embargo, un movimiento sicológico desfavorable.
Bajo condiciones desfavorables, es muy difícil (al menos en mi caso) evitar cierto estado de tensión (física, mental y emocional) que, extrañamente, parece fomentar el trabajo interno; es decir, esta tensión, cuando no es demasiada, me mantiene alerta, en medio de una "guerra de nervios". Cuando las condiciones adversas son reducidas o amortiguadas por factores benéficos, se reduce la tensión y se produce un descanso sicológico temporal; pero con él, la pérdida de fuerza de aplicación. Y éste es el problema. Es como si las condiciones favorables parecieran adormecerle a uno, dispersar la concentración en el desarrollo de la fortaleza interior y olvidarse de sí. Esto no es favorable para mí pero lo entiendo: este ritmo de vida ha sido una verdadera agresión al cuerpo, el cual a su vez agrede a la mente; y cuando al cuerpo se le permite un benefactor, se suelta, la mente en consecuencia se suelta también y descansan ambos. Esto me hace pensar en la posibilidad, o más bien, necesidad de un concilio, un equilibrio entre el cuerpo y la mente, pues como he considerado ya, vivir como vivo permanentemente es imposible, va mi vida de por medio, aunque este cambio depende no solo de mí, sino también de las circunstancias.
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