No mencionaré el detonador de esta forma yoica. La conozco. Se supone que debe ser observada al momento en que surge, pero estaba dormido.
Puedo evocar las impresiones previas: temor, un sentirme agredido, ofendido; de ahí se disparó la reacción. Simultáneamente, la "voz" de la razón sugirió, "estás reaccionando mal, esto es un estado mental bajo, ¿qué crees que estás haciendo?". Pero fue más poderoso aquél estado, inconttrolable para mí. Acto seguido, las consecuencias sicológicas: el regaño interno, el arrepentimiento, la culpa, el intento de justificación, la decepción y el pesar del desengaño.
Después, pensamientos de auto-castigo: "...Soy un mentiroso, un traidor hacia los míos, mi conocimiento, hacia mí mismo. No soy digno del aprecio de los míos, si supieran la clase de persona que soy, peor que aquellos a quienes juzgué mal: desconsiderado, insensible y grotesco; aparento ser lo que no soy y me transformo en un ser decepcionante y miserable..." Una agresiva ridiculización de mí mismo.
Algo que neutralizé fácilmente fue una especie de victimismo como justificación. Pero no hay tal: cada quien debe ser responsable de sus propias debilidades. No soy apto para convivir en sociedad, primero he de aprender a dominarme, para evitar que este Enemigo me traicione, no por mí, sino por los que me rodean. Me preocupa el daño que puedo causar a los míos por mi intolerancia. Aunque este aspecto me incomoda, no debo darle la espalda y hacer como si no existiera, o como algo ligero: ahí está, latente, dispuesto a reaccionar en cualquier momento.
He aquí un aspecto grotesco más: la Ira.
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