15 de marzo de 2007

Jueves, 15 de Marzo, 2007.

Afuera todo está destinado a caer y yo estoy también sometido a esta regla general. Efímero.

No existe el logro. Existe el azar favorable que la vida me permite, cualquier logro es multifactorial, pura incertidumbre. Pensar en esto antes de atribuirme algún mérito.

No es que la realidad me traicione, es que esperaba que cumpliera mis ilusiones eternamente incompatibles con ella. Mejor no estar sujeto a una rutina o estructura mental determinadas, implican un control que no se tiene. La vida ordena, hace extraños, cambia las jugadas previstas por mí y según me parece, rompe sus propias reglas constantemente. Me da esa impresión. Si soy víctima de mi limitada y egoísta perspectiva, lo sabré después.

¡Terquedad enfermiza la mía de hacer planes en base a recursos que no tengo!

Reinicié un ejercicio de austeridad, que en parte la vida me impuso, y aquí me río de mí mismo: la vida me somete bien fácil. Sé que no puedo depender de los retos de la vida para sentirme estimulado, pero tal vez esto no sea tan malo, porque quiere decir que estoy vivo. Estos ejercicios vienen a darle una sacudida a mi voluntad, me siento intelectual y emocionalmente avivado. Esto es al principio. Después esta viveza se tornará desesperación y fastidio, cuando la austeridad se prolongue demasiado. Rigor que al principio punza mi voluntad invitándola a renacer y después la consume dejándome abatido. Aquí es donde hago uso de mis recursos internos para sostenerme. Emulando, paradójicamente, a los que se apoyan en su propia fuerza sin ninguna ayuda ni guía. No tengo lo suficiente dentro de mí para lograr esta proeza, pero lo intento.

Quisiera vivir y morir con esa intención. Encontrar en mí mismo lo que en la vida no existe: certeza.

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