12 de agosto de 2007

Domingo 12 de Agosto del 2007.

Parte 1.

Hasta la persona más insignificante tiene sus enemigos. Y los míos son de lo más bajo. Por su causa me envilecí y degradé, sucumbí a reducirme a su nivel. Pero tuvieron su recompensa lógica: su propia degradación.

Su envidia y temor a lo que puedo llegar a ser los motivó a tratar de nulificarme pero les fue contraproducente. Yo acumulé mis derrotas con la vida y ellos acumularon las suyas conmigo. Me consagraron su atención y energías para abatirme y han perdido más que yo. Me han perjudicado y se han llevado la peor parte al ser consumidos por la impotencia y a pesar de su ventaja numérica. Incapaces de atacarme por sí solos, debían apoyarse mutuamente confesándose así, débiles e inferiores ante mí sin ellos saberlo. Y sin importar si es uno o mil enemigos, adelante, que yo enfrento los contrarios siempre solo y sin involucrar a nadie. Sus bloqueos son inútiles: sigo aquí y en condiciones mucho mejores que ellos, seres reptantes. Muertos en vida.

"...y todos esos malos tratos son la causa por la que me he vuelto hacia la fe..."
El Predicador, de Yalal Al-Din Rumi.

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